Legal Design para Abogados

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Hasta llegar al Legal Design, ha pasado mucho tiempo desde que la Lex Cincia de la República Romana prohibía a los abogados cobrar estipendio alguno por sus servicios puesto que defender la Justicia y aplicar el derecho era un honor de todo ciudadano. De hecho, las minutas de abogados aún las seguimos denominando “HONORarios”.

Desde entonces, han cambiado las leyes, los legisladores, la forma de estudiar, la de jurar cuentas, la forma de compilar la legislación… pero poco ha cambiado respecto a la forma de ofrecer los servicios jurídicos. Igual que en el foro romano el acusado elegía entre los abogados que se encontraban allí en el momento del juicio según las recomendaciones que había recibido y la fama de cada uno de los jurisconsultos, hasta hace pocos años el cliente elegía entre los abogados por su placa, la ubicación de su despacho o las referencias.

Qué es el Legal Design

Sin embargo la tecnología lo cambia todo y el mundo de los servicios jurídicos no podía estar al margen de ello. Llegó internet, se democratizó la publicidad, se acercó al abogado, se escriben cientos de blogs y se compartieron las fuentes legislativas, pero la función del abogado seguía siendo hasta cierto punto “oscura”. Lo que dice la ley y lo que se interpreta no siempre coinciden, hay un conocimiento en la defensa de la legalidad que hace que el cliente no entienda qué o porqué está pagando, y si el cliente no sabe el motivo del precio (por muy justo que sea) siempre lo considerará caro.

Con este panorama hace ya algunos años la Universidad de Stanford lanzó la idea de aplicar los conceptos del “Design Thinking” al Derecho y a los servicios jurídicos. Design Thinking es una metodología que propugna aplicar procesos creativos al diseño de productos y servicios enfocados principalmente a la forma en la que el usuario usa o desea usar los mismos. De esta forma el servicio no es creado por el diseñador (de dentro a fuera) si no que el diseño viene marcado por la interacción del usuario y el diseñador debe soportar ese resultado (de fuera a dentro).

Si aplicamos el Design Thinking a los servicios jurídicos nace el Legal Design. Legal Design es el paradigma que procura rediseñar el derecho para hacerlo comprensible y aplicable de forma amigable para el usuario y sin tener puntos oscuros o interpretables.

Cómo ayuda el Legal Design a Bufetes y Abogados

Quizá la aplicación más conocida de esta metodología sea la privacy by design que ha sido acogida por el propio Reglamento General de Protección de Datos. Pero las aplicaciones de esta nueva forma de pensar los servicios jurídicos son mucho más profundas y disruptivas.

Frente a la imagen tradicional de un abogado que dice conceptos de no se entienden, que habla un lenguaje oscuro, y por ese motivo es buen abogado o buen profesional, el Legal Design ha abierto una corriente que facilita y acerca los servicios y productos legales para facilitar la contratación de los mismos.

Legal Design quiere crear productos jurídicos fáciles de entender para los usuarios. Por lo tanto los servicios jurídicos deberán centrarse en cumplir con determinadas características:

  • Transparencia: en qué consiste el servicio que se contrata y que resultado se va a obtener del mismo. La descripción del servicio que se presta permite ajustar las expectativas del cliente y la oferta del profesional.
  • Precio conocido: Los honorarios deben ser conocidos de antemano, sin letra pequeña, sin condicionantes. no necesariamente un servicio “design” debe ser más barato, aunque el conocimiento de procesos, servicios y resultados sin duda permitirá aplicar mejoras que impliquen rebaja en el precio para el usuario final.
  • Innovación: repensar el servicio deseado por el cliente (en lugar del ofrecido por el abogado) nos lleva a conseguir lanzar nuevos servicios o nuevos “paquetes” de servicios que ayuden al cliente a identificar sus necesidades.
  • Flexibilidad: Los servicios diseñados desde el cliente permiten al cliente adaptarlos a sus necesidades.

Transformación digital de servicios jurídicos

Cuando todos estos enunciados los trasladamos a los productos jurídicos nos encontramos con documentos legales más comprensibles y etiquetados adecuadamente con enunciados claros que permiten entender el contenido de cada regulación. Los contratos, las condiciones legales de un sitio web, los consentimientos a efectos de LOPD o incluso, ¿porqué no?, las demandas se organizan de forma simplificada, con anotaciones y enunciados claros que permiten identificar qué se regula en cada apartado, sin olvidar los aspectos más técnicos y precisos que se redactarán con un lenguaje que impida (o dificulte) las dobles interpretaciones.

Legal Design no es únicamente útil y preciada en la relación del servicio jurídico con el cliente final. La simplificación de procesos y la estandarización de los mismos abre puertas muy importantes al sector jurídico combinadas con el uso de big data y machine learning. La aplicación del legal design a las estructuras de procesos, servicios y comunicación facilita la implantación y desarrollo de nuevos productos y servicios y el desarrollo de tecnologías como la Inteligencia Artificial.

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